COMO RECONOCER EL MUTISMO SELECTIVO
Cómo reconocer el mutismo selectivo en un niño/a El diagnóstico no siempre es fácil ya que los niños con mutismo selectivo suelen hablar con normalidad en casa y los padres pueden no darse cuenta hasta que han pasado meses (o incluso años) desde que empezó. Además, es fácil confundir el mutismo selectivo con timidez. Lo más normal es que los niños con mutismo selectivo no hablen en clase, por lo que suelen ser los profesores los que alerten a los padres al notar como el niño, a pesar de parecer contento, no habla con sus compañeros o se comunica con gestos.
Sin embargo, es normal que durante los primeros meses de colegio el niño hable mucho menos o incluso nada en absoluto. Para poder diferenciar el mutismo de otros problemas, la duración de la alteración debe durar por lo menos un mes (sin contar el primero de colegio). Se debe apreciar una incapacidad persistente para hablar en situaciones concretas, a pesar de que el niño hable con normalidad en otras, sin que pueda deberse a un impedimento del habla. Otro indicio importante es que su inhibición interfiera en su rendimiento escolar.
También puede ser signo de ansiedad el mal comportamiento del niño antes de tener que enfrentarse a una situación que le resulta difícil; pueden llegar a hacer todo lo posible por evitar un evento social que les produce ansiedad. Por lo general, los niños con este trastorno tienen una inteligencia superior a la media y son especialmente sensibles a los sentimientos de otros. Si son muy activos y habladores cuando están cómodos (algo nada raro en estos niños), será más fácil identificar las situaciones en las que padecerán el mutismo.
Reducir la ansiedad para tratar el mutismo de los niños Aunque pueda parecer un trastorno sin mayor importancia, si no se trata, el mutismo selectivo puede derivar en un trastorno de ansiedad social más serio y más complicado de tratar. De hecho, hay casos en los que personas de 40 años, que parecieron este trastorno de niños, son ahora completamente incapaces de hablar (ni siquiera con sus familiares). Otros desarrollan depresión o trastorno de ansiedad severo.
Cuando se haya identificado el mutismo, la intervención se enfocará a reducir la ansiedad. Se enseñarán al niño técnicas de relajación para más adelante exponerle, de forma gradual, a las situaciones temidas. Para la modificación de la conducta, se podrán utilizar, con control, premios para motivar al paciente a cambiar y castigos mínimos (como pérdidas de puntos, etc.). Para tratar los casos más severos en los que se ha necesitado medicación, se han utilizado inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina como la fluoxetina (más conocida como Prozac). Como ocurre con cualquier enfermedad, es importante tener mucho cuidado con lo que se conoce como ganancias secundarias. Cuando nuestro hijo está enfermo aumentamos las muestras de cariño, las atenciones y, con frecuencia, le relevamos durante un tiempo de sus obligaciones. El problema es que el niño puede dejar de percibir la enfermedad como algo negativo, lo que implicará que no dedique todos sus esfuerzos a mejorar. Elena Villa recomienda identificar cuanto antes el problema para proporcionar al niño un tratamiento adecuado y para evitar conflictos en las áreas más afectadas por este problema: la familiar, la social y la académica.
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